El 12 de mayo se celebra mundialmente el Día de la Fibromialgia una enfermedad desconocida para muchos a la vez de incomprendida para otros. Afecta aproximadamente al 5% de la población siendo el colectivo femenino el más afectado, alrededor de un 85% de mujeres de entre 25 y 50 años aquejan esta enfermedad que se caracteriza por dolor músculo esquelético generalizado y sensación dolorosa a la presión en unos puntos específicos (puntos dolorosos). Este dolor se parece al originado en las articulaciones, pero no es una enfermedad articular sino más bien reumatológica que afecta al funcionamiento del sistema nociceptivo, es decir, la parte del sistema nervioso que se encarga del procesamiento del dolor en nuestro cuerpo. Esta afectación altera las fibras neurológicas nociceptivas que recorren nuestro cuerpo y su organización a nivel cerebral. Además del dolor generalizado por todo el cuerpo, también afecta al control neurovegetativo (responsable de funciones involuntarias como la digestión, sudación, frecuencia cardiaca…) Dentro de las características acompañantes de la fibromialgia se encuentran trastornos del sueño, rigidez matinal, parestesias, ansiedad, cefalea, intestino irritable y fenómeno de Raynaud.

El síndrome de Fátiga Crónica o también llamada Enfermedad Sistémica de Intolerancia al Esfuerzo es una enfermedad crónica, no reumatológica, que se caracteriza principalmente por fatiga persistente y dificultades cognitivas sin una causa aparente de base, más que por dolor. Su carácter de enfermedad fue definido por la OMS en 1994 afectando de una manera aguda en personas previamente sanas y siendo curiosa su mayor incidencia entre el personal sanitario o con actividades de relación pública o social o con elevada movilidad, hecho que hace pensar en la posible implicación epidemiológica de los virus y factores tóxicos o ambientales en su desencadenamiento. También llama la atención su menor incidencia en edades extremas de la vida, como sucede con la mayor parte de enfermedades de origen inflamatorio o autoinmune. Asimismo, se han identificado muy claramente los distintos factores precipitantes de este síndrome. En más de la mitad de casos existe un antecedente de enfermedad infecciosa aguda que se puede corroborar, habitualmente viral.

Dependiendo de cómo se presente la enfermedad, ya que en la actualidad no se dispone de pruebas diagnósticas que no dependan de una respuesta subjetiva del paciente, ni tampoco hay fármacos específicos para su tratamiento, se deberá actuar sobre los síntomas que refiera el paciente intentando lograr paliar el dolor existente. El dolor articular aludido puede degenerar la biomecánica en la marcha del individuo y por ello aumentar las molestias en la deambulación. Para mejorar la calidad de vida en estos casos sería conveniente realizar un estudio biomecánico completo para determinar factores mecánicos que pudieran ser responsables del malestar general que se presenta y tratar de mejorar la dinámica de la macha y procurar una adecuada actividad musculo esquelética que disminuya la fatiga muscular.

 

Desde que en 1988 el Center for Disease Control de Atlanta en Estados Unidos fijó los criterios clínicos para la definición de caso de síndrome de fatiga crónica, se ha estado investigando sobre ello y en la actualidad hay un halo de esperanza con el reciente estudio de Ron Davis, profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad Stanford (EE UU) que puede ayudar al diagnóstico más certero con una prueba científica que consiste en medir la respuesta al estrés de las células del sistema inmune mediante un análisis de sangre.

ESPodología brinda todo su apoyo a los afectados de fibromialgia y síndrome de fatiga crónica e insta a la ciencia a seguir investigando sobre una afección que queda vez está más presente en nuestra sociedad.